noviembre 10, 2010

La chica del tren

La Ley de Murphy es clara: "cada vez que viajes en tren, a tu lado se sentará, un/a gordo/a, un/a viejo/a o un/a hediondo/a. Siempre pasa, hasta ahora.

Llegué a la estación de trenes a 3 minutos de que salga el tren, entonces, era obvio que el ten ya este casi lleno y no hayan muchas posibilidades para conseguir buen asiento. Voy caminando de cabina en cabina hasta que encuentro a un tipo sentado solo y le pregunto si el asiento del frente está libre. Me dice que uno sí pero el otro está ocupado. no hay drama me siento pero al colgar la chaqueta me fijo que detrás mío hay una chica sentada sola. Me acerco y le pregunto si el asiento del frente estaba libre, me mira, le vuelvo a preguntar y asiente con su cabeza. Entonces todo el trámite del traslado de mochila, bolsa de dormir y chaqueta. Saco el libro y me siento para comenzar el viaje.

Ella no era una chica linda pero era interesante. Tenía los ojos grandes castaños, el pelo al estilo Natalie Portman en "Closer" ropa semiformal y un pantalón de tela color negro que le quedaba muy bien. Como dije, era interesante. Pero había algo que me perturbaba de su pantalón, una pequeńa mancha gris cerca al muslo izquierdo.

Yo la miraba de reojo y ella hacía lo mismo, a veces nuestras miradas se cruzaban y rápidamente giraban para otro lado. Era como un coqueteo sin coqueteo. Ya que gracias a los lentes de contacto tengo cara de pocos amigos, pensé que ella podía pensar que era un mal tipo asi que me dediqué a leer mi libro sobre historia polaca y a descubrir el esplendor de la Confederación Polaco-Lituana del siglo XVII. El show todavía no había comenzado.

A la cuarta página y ya en camino, el sueño comenzó a ganar partida en mí. Ella hojeaba una revista con poco interés, apoyando su espalda y cabeza en la ventana del tren, mientras yo notaba que de vez en cuando ella subía su mirada hacia mí. Yo podía verla de forma indirecta, a través del vidrio de la ventana.

Dejo de leer para echarme una siesta, una tradición mía al parecer. Ella cambia la revista por unos apuntes. Cabeceo un rato y logro dormir por una hora. Al despertar ella nuevamente hojeaba su revista con algo más de interé. Esta ella vez estaba sentada apoyando sus codos en sus rodillas. Yo tomé mi libro y comenzó el show.

Me miró nuevamente y yo la miré pero ya con cara más afable. Ella me sonrió y yo devolví el favor. Sin intentos de conquista de ambas partes, hay que aclarar. Gracias a los "modernos" asientos de los trenes polacos, sentarse en una posición por tres horas puede ser doloroso. Así que gracias a la soltura de esta chica, se tendió completa en los dos asientos que tenía a su disposición para estar más "cómoda". Se mantuvo así por 15 minutos hasta que, supongo, el brazo que servía de apoyo murió asi que decidió cambiar de posición. Me miró, sonrió, sonreí y cambio de posición, esta vez cambió su posición 180 grados, la cabeza apoyada en la ventana, piernas cruzadas dando hacia el pasillo y revista en lo alto para poder leer. Así permaneció por otros 15 minutos hasta que cayó dormida. Cabeza doblada hacia el pecho y tic nervioso en la pierna derecha.

15 minutos mas tarde se despierta y se sienta toda recta, revisa el móvil y envía un par de mensajes con rápidas respuestas. Yo estoy enfrascado en las guerras de la Confederación Polaco-Lituana contra los turcos, tátares, rusos y suecos. Queda ella paralizada en esa posición por 10 minutos más o menos para volver a la posición dos, obvio, antes me sonríe, le sonrío y a moverse. Piernas chocando la pared de la ventana, cabeza hacia el pasillo, brazo izquierdo como apoyo para el cuerpo y esta vez la distracción es la música que sale de su móvil. Tiempo después vuelve a dormirse pero esta vez es el clímax de la noche. Cabeza hacia atrás, boca abierta, movimiento constante de la cabeza gracias al movimiento normal del tren. Todo un show. Yo trato de configurar la cámara del móvil para sacarle una foto pero el mugroso Sony Ericsson no tiene opción de shoot en silencio. El tren hace una parada en Wowłów (?)

Sube gente entre ellos una chica que me pregunta si el asiento a mi lado esta disponible. Le digo que sí. La otra chica sigue disfrutando de su sueño, la gente la ve extrañada. Parte nuevamente el tren y 10 minutos más tarde la chica se despierta, supongo con dolor de cuello o espalda. Me mira y ve que hay alguien más sentada junto a mí y de un salto magistral se incorpora en su asiento, agitada, nerviosa y avergonzada.

Llegamos a Wrocław, parada final, la chica del tren alista sus cosas de forma muy tímida. Yo solo tengo una mochila, una chaqueta y una bolsa de dormir. La chica del tren sale del vagón, yo le cedo el paso y ambos tomamos rumbos distintos. Tal vez nunca más la vuelva a ver. Me espera una nueva aventura.

4 comentarios:

Teufel Abgott dijo...

Cuando vaya a Europa, si ese tipo de cosas no me ocurre, sentiras mi ira.

Luistigre dijo...

Teufel: Llevo ańo y pico y fue la primera vez q me pasó, generalmente pasa lo del primer parrafo. Q milagro verlo por aqui, no gusta pasar a tomar una tacita de cafe?

Laura Brizuela dijo...

Ah no! Mínimo esperaba un final con hard sex en el baño del tren, la polícia deteniendolos, huyendo de la CIA y descubriendo una conspiración yankee...

Por otro lado, muchas veces cuando alguien se sienta a mi lado en el colectivo o en el subte, le observo el brazo o los pies y me imagino donde anduvieron, qué hicieron horas antes, hacia donde van, qué significan esas extremidades para otras personas (novias, madres, hijos) y a veces me invento cada cuento...
Me acabás de dar una idea para un post! jaja
Beso!

Luistigre dijo...

Laura: Si pasa algo como lo que describiste, ni en pedo lo posteo :P Yo tambien ando creando historias de gente por las calles. Saludetes

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